Una encuesta del Pew Internet & American Life Project
determinó que uno de cada cuatro menores tienen acceso a Internet
principalmente por teléfono celular, una proporción que asciende a casi la
mitad cuando se trata de propietarios de teléfonos multiusos.
En contraste, sólo el 15% de los adultos dijeron que se
conectan a Internet fundamentalmente con sus teléfonos móviles.
"Hoy en día es parte de la vida cotidiana. Todo el
mundo está usando su teléfono de la misma manera, y lo usan todo el
tiempo", expresa Donald Conkey, un adolescente estudiante de secundaria en
Wilmette, al norte de Chicago, quien tiene un teléfono con acceso a Internet
Conkey y otros jóvenes afirman que si se sumara todo el
tiempo que se la pasan dando uso a sus teléfonos celulares -en aplicaciones, en
búsqueda de cosas en la red, con mensajes de texto o bajando canciones y videos
- ascendería por lo menos a un par de horas diarias.
"Cuando se me olvida el teléfono en casa, me siento
desnudo. Realmente, necesito sentirme conectado todo el tiempo", dice
Michael Weller, un estudiante de la escuela secundaria New Trier, donde estudia
también Conkey.
Según el estudio, mujeres adolescentes de entre 14 y 17
años son las que más usan su teléfono celular para conectarse a Internet.
Y aunque los jóvenes de menos recursos económicos siguen
siendo los menos propensos a utilizar la red, los que contaban con teléfonos
usaban esa herramienta para conectarse.
Ello implica que, a medida que esta generación va
madurando, las grandes corporaciones tendrán que cambiar las estrategias de
publicidad y mercadeo que utilizan, así como las maneras en que los padres
vigilan las comunicaciones de sus hijos.
Los sensores tecnológicos de los papás
Actualmente ya existen teléfonos celulares que les
permiten a los padres bloquear ciertos contenidos.
Las compañías telefónicas ofrecen servicios para que
padres puedan monitorear la lista de textos que envían sus hijos. Además, hay
varias aplicaciones que les dan a los papás el control de los contenidos que
ofrece un navegador de Internet, aunque expertos coinciden en que esos
programas a veces pueden fallar.
A pesar de todas esas herramientas, especialistas
consideran que el monitoreo de los padres no es suficiente. Algunos son más
estrictos, otros menos.
"Hay como dos extremos: por un lado los que monitorean
todo y bloquean una enorme cantidad de cosas, y los que se rinden y dicen 'esto
me cuesta demasiado trabajo''', expresa Mary Madden, una investigadora del
Centro Pew que fue coautora del estudio.
Manifiesta que muchos padres se niegan a quitarles los
teléfonos a sus hijos porque quieren que los niños se mantengan en contacto con
ellos.
"Los adultos todavía están tratando de ajustarse a
las nuevas reglas, para sí mismos y para sus hijos. Son tiempos difíciles para
ser padre", comenta Madden.
Y es particularmente difícil decirles a sus hijos que no
pueden tener un teléfono celular, inclusive para niños en primaria, donde el
artefacto tecnológico se ha convertido en un símbolo de estatus.
Sherry Budziak, una madre en Vernon Hills, Illinois, dice
que su hija de 6 años tiene amiguitas que envían textos usando el iPod Touch,
un artefacto que no tiene conexión telefónica pero sí Internet.
Ella no está dispuesta a permitir eso, pero sí le
autorizó a su hija de 11 años tener un iPhone para poder mantenerse en
contacto.
Budziak, quien trabaja en el sector tecnológico y sabe
cómo funciona un teléfono celular inteligente, ajustó el artefacto de tal
manera que la hija puede hacer y recibir llamadas y textos, y utilizar los
juegos que sus padres le bajen de Internet.
La comunicación familiar es clave
Mark Tremayne, profesor de comunicaciones en la
Universidad de Texas en Arlington, dice que él y su esposa postergaron planes
de comprarle un iPhone a su hijo hasta que cumpla los 13 años, lo cual ocurrirá
pronto. Dicen que monitorearán los contenidos, ya que al revisar su iPod Touch
descubrieron algunas "sorpresas".
Por un lado, Tremayne dice que es igual a las cosas que
él buscaba en revistas y libros cuando tenía 13 años.
"Obviamente, los niños son niños y siempre actuarán
como niños", expresa Tremayne, aunque admite que con los teléfonos
celulares y otros aparatos móviles, la tarea se hace más fácil.
La clave, insiste, está en la comunicación familiar, en
hablar con sus hijos, y en eso coinciden expertos en comunicaciones y en
tecnología.
"La tecnología en sí misma, creo yo, no es mala. Las
ventajas son mucho más que las desventajas, pero los padres tienen que estar
conscientes de la situación", opina Daniel Castro, analista de la
Fundación para la Información y la Tecnología, un centro de investigaciones con
sede en Washington, D.C.
Añade que parte de la solución es hablarle a los hijos y
preguntarles: "¿Qué haces y por qué?"
Es muy común que los adultos no entiendan bien cómo
funcionan los teléfonos multiuso, o cómo podrían usarlos sus hijos.
Por lo tanto, a veces faltan directrices para padres,
maestros u otros adultos, dice Danah Boyd, investigador de Microsoft Research
que se especializa en las tecnologías comunicacionales usadas por adolescentes.
"Durante la última década, en el área de la
seguridad en línea, se ha prestado demasiada atención a la vigilancia de los
padres. En esta época de aparatos móviles, la vigilancia no funcionará, pero la
comunicación sí", declara Boyd, quien también trabaja en la Universidad de
Nueva York.
Boyd destaca las investigaciones realizadas por Henry
Jenkins, director del programa de Medios de Comunicación Social en el Instituto
de Tecnología de Massachusetts.
Desde hace tiempo Boyd ha promovido que padres, escuelas
y programas académicos estudien maneras de comunicarse mejor en el mundo de
Internet.
El año pasado Stephen Groening, profesor de estudios
cinematográficos y comunicacionales en la Universidad George Mason en Virginia,
dio un curso sobre "la cultura del teléfono celular".
A los estudiantes se les pedía hacer sus trabajos por
medio de sus teléfonos: con videos, fotos, envío de textos y de tuits.
"Tengo estudiantes que me dicen que se duchan con
sus teléfonos celulares, que duermen con sus celulares", dice Groening.
En la Universidad Seton Hall en Nueva Jersey, los alumnos
reciben un teléfono celular gratis para el primer semestre, a fin de que puedan
orientarse por el campus, comunicarse con otros estudiantes y enterarse de las
noticias universitarias.
Kyle Packnick, un alumno de primer año en la institución,
dice que el teléfono le ha sido útil, pero enfatiza que la gente de su
generación debe trazar sus propios límites cuando se trata de la nueva
tecnología. Agradece que sus padres no le permitían usar el teléfono celular
para enviar textos cuando estaba en secundaria, sino sólo para hacer llamadas.
"En ese momento definitivamente estaba
molesto", dice el joven de 19 años de edad, pero ahora siente que es menos
dependiente que los demás de su teléfono.
La encuesta Pew se realizó a por teléfono a 802 personas
jóvenes de entre 12 y 17 años de todo Estados Unidos, junto con sus padres,
entre julio y septiembre del año pasado y en conjunto con el Centro Berkman
para Internet y Sociedad de la Universidad de Harvard. El margen de error es de
4.5 puntos porcentuales.
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